Autor
La Casa de los Sueños
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La casa de los sueños tiene nombre de poemario y gira ante la constante de lo común de sus personajes, que tienen la particularidad de encontrarse y desencontrarse en esos sueños comunes e ingobernables que aparejados con desdoblamientos astrales se vuelven profetas en su propia dimensión.

En el funcionamiento asociativo del pensamiento, es interesante descubrir que inevitablemente se yuxtaponen en nuestra mente las imágenes del libro de Rubén con las de nuestra vida cotidiana, invitándonos a colaborar con él en un inconcreto cuarto de edición.

Leer el libro es ver en una proyección cinematográfica una historia en la cual, desdoblados tomamos imágenes con una cámara imaginaria. Así deben sentirse los directores de cine, espectadores primarios de su obra. La sensación que nos deja la lectura del libro es la de ser un realizador que está tomando con su cámara lo mas trascendental de las escenas.

Hablar de dimensiones, viajes astrales, dimensiones paralelas, que Rubén maneja con sospechosa naturalidad, de tal forma que, ayer al preguntarle, ¿todo esto que escribiste es cierto?, Rubén me respondió de inmediato, no, por supuesto que no, pero el hecho de que me lo preguntes es un halago para mi y para cualquier escritor.

El elemento del sobre es impactante: un sobre que tienen delante suyo cada uno de los personajes de la casa de los sueños, un sobre que contiene el mes y el año en que se van a morir. El manejo psicológico de las situaciones hipotéticas hacen de este concepto algo digno de estudiar por separado.

Todo en una pequeña novela que puede ser un petit chef d´ouvré, una pequeña obra de arte en la literatura mexicana.

La casa de los sueños tiene nombre de poemario y gira ante la constante de lo común de sus personajes, que tienen la particularidad de encontrarse y desencontrarse en esos sueños comunes e ingobernables que aparejados con desdoblamientos astrales se vuelven profetas en su propia dimensión.

En el funcionamiento asociativo del pensamiento, es interesante descubrir que inevitablemente se yuxtaponen en nuestra mente las imágenes del libro de Rubén con las de nuestra vida cotidiana, invitándonos a colaborar con él en un inconcreto cuarto de edición.

Leer el libro es ver en una proyección cinematográfica una historia en la cual, desdoblados tomamos imágenes con una cámara imaginaria. Así deben sentirse los directores de cine, espectadores primarios de su obra. La sensación que nos deja la lectura del libro es la de ser un realizador que está tomando con su cámara lo mas trascendental de las escenas.

Hablar de dimensiones, viajes astrales, dimensiones paralelas, que Rubén maneja con sospechosa naturalidad, de tal forma que, ayer al preguntarle, ¿todo esto que escribiste es cierto?, Rubén me respondió de inmediato, no, por supuesto que no, pero el hecho de que me lo preguntes es un halago para mi y para cualquier escritor.

El elemento del sobre es impactante: un sobre que tienen delante suyo cada uno de los personajes de la casa de los sueños, un sobre que contiene el mes y el año en que se van a morir. El manejo psicológico de las situaciones hipotéticas hacen de este concepto algo digno de estudiar por separado.

Todo en una pequeña novela que puede ser un petit chef d´ouvré, una pequeña obra de arte en la literatura mexicana.