Capítulo 16
…justo lo que marcaba el taxímetro en ese momento.
Manuel despertó asombrado, había sido mucha información.
Ahora las cosas le parecían triviales, hablar le parecía fatuo, bajó a la cocina a preparar café a su esposa, tomó bollos de avena que le gustaban a Bit, hacía años que no se los llevaba a la cama, los puso en su buró, junto con el control de la televisión, ella le dio las gracias con mirada de sincero agradecimiento.
Era un día como cualquiera en la oficina, Manuel hacía una llamada telefónica cuando entra Rebeca y se sienta, ya con su tasa de café en la mano.
Terminando la llamada, Manuel habla en tono bajo:
―Hija, necesito hablar contigo…―, Manuel le habló totalmente serio, le dijo lo que sabía de su esposo, cosas buenas por cierto, de su responsabilidad como madre. Cuando terminó se levantó, serio, ella también se quedó seria.
Luis iba en camino a ver a su hija cuando le hicieron la parada nuevamente, era un señor que le pareció cono-cido.
―¿Adónde va?―,
―Al panteón de Belén, por la Alcalde―.
Luis se quedó dormido en el semáforo de la avenida Vallarta, se desdobló, vio a su pasajero con un ataque al corazón, y que le decía que lo ayudara, que solo tenía un pendiente, regresó de su desdoblamiento, fue rápidamente a comprar píldoras de nitroglicerina, cuando volvió y avan-zó dos cuadras, le empezó el ataque,
―¿Lo llevo al sanatorio?―,
―No―, le dijo con cara de compresión profunda,
―Lo llevó al panteón y lo ayudó a llegar a una tumba―, era la de su padre, le llevó flores, pintadas en pequeños mosaicos que completaban la leyenda franciscana, Pax et Bonum, Luis le llevó luego al hospital San Javier, no hablaron, se fue directo a emergencias, todavía tenía pulso cuando lo dejó, regresó de ayudar a los camilleros. Cuando llegó a su coche estaban en el tablero ochenta y cinco pesos con cincuenta centavos, justo lo que marcaba el taxímetro en ese momento.
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