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Ruben Nohuitol

 

Tomo de tus manos la moderna pluma, amigo en el tiempo, a tus amigos escribe: los que perdimos tierras, perdimos bienes, los que perdemos partidas, perdemos fama. Si alguien la pierde, alguien la gana, de obra tan grande como la tragedia de Verona, el conocido solo fizo (sic) las letras, que no las ideas. Entre ánimos y fiestas, las correcciones fueron de tan gran ayuda a la primera tinta, que la superan por mucho. Las nuevas letras fueron puestas por quien el vino paga, siendo las honras para quien cobra en la puerta. No se extrañe mi amigo en el tiempo de las palabras que copio de mi mente, en deshilados trozos de aquellos apun-tes de taberna que se hicieron con el mismo tiempo que la escondida religión de nuestros padres, por su patria obligaba a las letras de Lope, de oficio relojero, al servicio flamenco del rey de Habsburgos cantábamos tristes los destinos de los amores terrenos.  

Tan extraño cansancio tengo caro amigo, que mi espada quisiera al viento mostrar, para que un querido enemigo me dé con la suya la respuesta a mi profundo pesar.

Mi alma pesa, no de presentes dolores,  sino de bellos sentimientos, que por ya pasados, hacen más grandes mis sufrimientos.

Ahora el amor es mi más sólido pesar, todo lo demás es humo en mi andar, no me llama el comer y me espanta el dormir,  pues el despertar solo me hace saber de lleno que es grande mi sufrir.

Llora hijo mío, que tus lágrimas de hombre maduro endulzan con su paradójica sal lo claro de tu pesar, descansa en mi regazo, que por amores vence en el corazón lo que no puede un ejército en la batalla.

Poco es lo que a una madre puedes callar, que tu concien-cia vea lo que no quieras contar, que tu madre comprende lo que a tu corazón angustia, una mirada sola en noche de fiesta, que fugaz corría entre anónimas personas, el destino de su camino era el motivo de tu existencia, cuanto más dice a una madre una mirada que la más clara y bien escrita letra. Llora hijo mío, no está en mi darte solución, pues contra el destino no hay coartada, solo pretendo ser suave almohada donde descanses tu profunda pena y puedas tener estos momentos como angustia, que no olvidada, al menos atenuada.

En extraña cárcel me encuentro, madre mía, que el mayor de mis tormentos es la dicha que tendría, si solo el destino no hubiera herido con su  lanza lo que queda de mi vida.  El mayor de mis tormentos no es lo que me queda, sino lo que tendría, no es mi oscura posición, sino la  clara ilusión,  porqué el destino me hizo caer en los lazos  del eterno pesar, que pudiendo a cualquier otra amar, por fuerza a de ser a quien solo puedo mirar.

Extraño devenir nos deparan  los dioses, que nos hacen disfrutar los bienes hasta que solo nos acordamos de sus aromas, los momentos de dicha que en cotidianos juegos disfrutábamos en amplias copas, y ahora  escondidos lucen en hermosas joyas. Por qué los momentos de silencio siempre fueron mejores que los de alegría, por qué a su lado madre mía, todo era concierto, aún en pleno silencio.

Perdona madre, los momentos de preocupación y lisonja, perdonen todos mis compañeros de riña, que no eran ustedes con quién yo peleaba, era lo extraño de mi alma, que al universo se revelaba.

Mira lo que ahora tengo en la mano, la máscara que su rostro ocultaba cuando me miraba en la fiesta, he querido extraer su aroma, pero solo  en la imaginación consigo traer a mi lado, la bella imagen de la que fue testigo.

Hijo mío, en la barca de la vida no hay mas pesar que el aire que a las velas quieras dar.

En la turbulencia de la tormenta de los sentimientos, el viento puede soplar para el naufragio, los hados pueden hechizar a los marinos, pero lo que tu puedes fijar es el rumbo, que sin olvidar la tormenta, te puede llevar a bahía de calma y sosiego.

El amor de mi vida se aparta del camino en el bosque por el que los dos jugábamos sin testigos. Ahora solo me queda esperar como los lobos del destino engullen sin gracia alguna los momentos alegres de mi escondida felicidad.

No es valor del oro lo que tienta al santo, sino su precioso brillo, que al juzgarlo divino quiere quitar de su haber  a tan indigno propietario, para ofrecerlo en escondida ofrenda a la madre de los mortales.

La vida me ha llevado a tener un enemigo de mal corazón y de razón aguda, que, presta a seguir sus malos sentimien-tos, actúa con sublime pluma. El  hada me enseña el bello engendro que surge de tan malévolos cuidados, ajena a la podredumbre que la rodea crece bella y solitaria.

El mismo destino que nos aleja, nos deja los momentos de intimidad que los años de juventud nos habían negado.

El amor solo puede acertar cuando es ciego. La luz de la verdad no suele iluminar los caminos del amor.

Recuerdo como el  brillo de su presencia en  la noche hacía que las aves del cielo confundidas adelantaran sus cantos.

Luna rebelde, santa cambiante que se esconde deso-bediente a los ritmos solares, callada testigo de amores prohibidos. ¿porqué me acuerdo de ti brillante, y del sol sombrío?

Amor,  ¿por qué siempre estás tan cerca de la muerte?, ¿por qué dando tanto queda tan poco?, moneda cruel, que pagada en oro es acuñada con sueños y correspondida con temores y engaños.

Paris es  dulce lluvia, Londres es brillante niebla, todo está hecho para dar marco a este hermoso día de primavera.
Tierra fecunda, que solo das vida tras esconder en tus entrañas a las semillas que sepultas, tierra triste, por qué no nos dejas vivir a todos en una sola fiesta, los que fuimos, los que somos y los que seremos, así, en torbellino fugaz  fuimos todos y siempre seremos.

Dejar el lecho a esta hora temprana no es signo de mente sana, ansiedad pasada angustia tu sueño, es hora de que reclames a los hados pasados su perversa conducta y que dejen de atosigar los duendes tus horas de descanso.

El amor joven no es amor de capricho, es amor que, guardado en los tiempos, brota en nuestros sentimientos. 

¿Que le debe el tiempo al reloj?

Segundo a segundo, un momento a otro,  puede durar mucho, que puede tardar poco, nunca un minuto tarda lo mismo que el que ya vivimos, acumulando mecánicamente las vueltas  de una manecilla para mover otra; mas lenta-mente, esta, mueve otra, con menos prisa aún, como la vida, pasa, como los árboles crecen,  como tantas cosas que no se notan, que  no se ven, solo se mecen.

¿Le debe algo el tiempo al reloj?,  ¿tendría algo que reclamar  cuando al final de sus días deje de moverse?, fuiste mi compañero, fuiste mi vida, mi razón de existir, no me puedes dejar así, ahora que  me tengo que ir.
Tiempo, ¿fuiste mi amigo?,  siempre callado, siempre adelante, si yo me detenía tu seguías andando, yo te ayudaba, cuando la gente me veía, pensaba en ti. Tiempo, ¿fuiste mi amigo?, sin ti no hubiera nacido, tiempo, tal vez nunca hemos existido, pero, tiempo, respóndeme ahora, ¿fuiste mi amigo?; yo nunca te llamé, nunca oí que  lo hicieras, pero ahí eras, si con algo contaba era que todo siguiera, si de algo estaba seguro era de tu presencia, pero a lo mejor eso no bastaba, tiempo, ¿eras mi amigo?, ahora ya me retiro, mis engranes se traban y la carátula se oxida, el péndulo ya no oscila, tiempo, no te vayas, no me dejes, que, ¿no eres mi amigo?