Autor
El Complejo de Ratón
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Introducción
Los automóviles
Los empleos
Cambio de baño
Los vendedores
Los insultos
Teoría del consumo
Casos fortuitos
Cambios de Mentalidad
Los Hijos
Autodefensa
Los empresarios
Consejeros del café
La Justicia y la Economía
Hasta desnudos hay clases
El Corporativo
Caras vemos...
Para ser torero...
Una buena conducta
El insultador caritativo
El ser reconocido
Don Perfecto
Cambio de tercio
Papeles Sobreactuados
Los comentarios
El complejo de Rubén
Ilustraciones por
Marco Tulio Rebollo
Ruben Nohuitol

Don Perfecto

El saber escuchar es un arte y el sacar provecho de lo que se escucha es un milagro.

Es en las situaciones críticas donde se demuestra la calidad humana de la persona. A Don Perfecto se le casa la hija y le toca llevarla a la iglesia, el tráfico se pone insufrible, empiezan a brotar las opiniones y los consejos de buena voluntad; Don Perfecto se encuentra en una crisis, si hace caso a todas las opiniones que oye, están perdidos, y si no les hace caso, también. Voltea por el espejo y la novia tiene una cara de "te lo dije" que no puede con ella. ¿Qué es lo que tenemos aquí?, una situación crítica. Aquí es cuando se nota quién es quién. Don Perfecto empieza a repartir culpas, - Si hubiesen estado listas antes...-, - Como estabas arreglada estabas mejor, no se porqué a última hora...-, y frases por el estilo, que pretendían eliminar toda la culpa dirigida hacia Don Perfecto. Inexplicablemente, Don Perfecto no revisó que el coche tuviera gasolina, por lo que Don Perfecto hace otro coraje explotando con frases típicas de circunstancias como: -Siempre es la misma cosa...-, o -¿tengo que estar yo siempre encargado de todo?-. En circunstancias críticas, los siempres y los nuncas salen a relucir inmediatamente entre los implicados. Don Perfecto se decide por una jugada arriesgada, toma un atajo. Todos voltean hacia el techo del coche. La novia cree que está viviendo una pesadilla. Y en eso ocurre lo que tenía que ocurrir, cambiaron el sentido de la calle, claro, Don Perfecto explota en groserías, la señora aprieta su bolsa como tratando de exprimirle un milagro, la novia a estas alturas ya ha decidido no casarse. En eso, como ángel guardián, se aparece un taxi, Don Perfecto, ante la evidencia de estar extraviado, hace un acto de humildad supremo y le pide al taxista que los guíe hasta la iglesia, el taxista por supuesto, cobra por adelantado y después de doblar la esquina, saca la mano para indicarles que allí está la iglesia. Cada quien se adjudica la victoria. Faltan quince segundos para la hora, la situación se ha salvado.