Autor
El Complejo de Ratón
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Introducción
Los automóviles
Los empleos
Cambio de baño
Los vendedores
Los insultos
Teoría del consumo
Casos fortuitos
Cambios de Mentalidad
Los Hijos
Autodefensa
Los empresarios
Consejeros del café
La Justicia y la Economía
Hasta desnudos hay clases
El corporativo
Caras vemos..
Para ser torero....
Una buena conducta
El insultador caritativo
El ser reconocido
Don Perfecto
Cambio de tercio
Papeles Sobreactuados
Los comentarios
El complejo de Rubén
Ilustraciones por
Marco Tulio Rebollo
Ruben Nohuitol

Casos fortuitos

¿Qué importancia tienen para nosotros los desastres?

La importancia depende de cómo respondamos a la pregunta -¿Cómo quedó nuestra imagen de inteligentes después del desastre?- Si es un caso fortuito en donde todo se achaca al destino, nos asombraríamos al notar lo poco que nos importó perderlo casi todo. En cambio hacemos un berrinche espectacular si por alguna tontería nuestra, tenemos que pagar una cantidad extra de dinero.

Aquí cabe distinguir entre los desastres y la mala suerte. Hay una diferencia; mala suerte es la coincidencia de un pequeño error o descuido nuestro y el acontecimiento de un hecho contingente. En cambio, si el acontecimiento tiene carácter de fatalidad, si no hay coincidencia entre algún error y el hecho aleatorio, se dice que es un "desastre".

En los desastres, los complejos básicos nos dejan totalmente liberados de culpa y se llegan a dar a este respecto casos curiosos, en donde incluso existen personas que llegan a desear que les ocurra un desastre con tal de que su imagen de inteligentes salga bien librada.

No sucede igual cuando el dinero llega por casualidad, a este acontecimiento sí le sacamos todo el provecho posible, nos ufanamos de nuestra nueva fortuna como si hubiera sido una abstracción de nuestra inteligencia convertida en saldo bancario y así nos pasa curiosamente, que nos enorgullecemos de una cosa en relación inversa al trabajo que nos costó obtenerla.

El más orgulloso de la fastuosa boda, no es el papá millonario que trabajó como loco toda su vida. El más orgulloso y presumido es el muchacho que se casó con su hija y que hasta ayer no tenía más que su cochecito con dos documentos vencidos.

Es de notar que las personas más acomplejadas siempre andan metidas en negocios donde se presenta un alto grado de riesgo, dando lugar al desastre o a la fortuna, pero nunca al trabajo metódico y ordenado.

Por supuesto, lo normal es encontrar a estas personas dando explicaciones de sus fracasos y ufanándose de su inminente éxito con otro novedoso negocio.