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Mil Novecientos treinta y nueve
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Ruben Nohuitol
Capítulo 0
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18

Capítulo 15

Empezaron a surgir problemas de control, los gastos en llantas le parecían excesivos, lo mismo que el gasto de diesel y en refacciones. Tenía que pasar, las tarifas no habían subido proporcionalmente a la devaluación y los costos de muchas cosas estaban en dólares. Al principio no se sintió, porque los camiones no requirieron de esos gastos, y con la euforia del trabajo, muchos no se dieron cuenta de que en realidad estaban perdiendo dinero, solo que no se notaba en su bolsa, pero los camiones ya no estaban tan bien enllantados y cada día que pasaba se iban haciendo más viejos sin guardar dinero para reponerlos.
Existían varias falacias con los camiones viejos, por ese tiempo era común oír:
―Me deja lo mismo el camión viejo que el nuevo―.
Por supuesto había algún mes que sí era cierto, pero la gran mayoría no lo era, y no solo se perdía dinero por reparar los camiones, sino el tiempo que se perdía y hacía perder.
Entre los camioneros no era frecuente llevar una contabilidad. Esto daba lugar a conclusiones curiosas. Cuando dejaban de deber, empezaban a desaparecer. Pero eso no se daba por el hecho de que debieran, sino porque el dinero que debían era de camiones que habían comprado nuevos, y esos camiones, aparte de pagar su deuda, dejaban un remanente al flujo de efectivo. Cuando un camionero se cansaba de las presiones de los créditos, dejaba de comprar camiones nuevos, y claro, poco a poco los gastos se iban incrementando hasta que los camiones desaparecían. Y como este era un proceso largo, era muy difícil que se dieran cuanta de la causa, y echaban la culpa a otras cosas, generalmente a los choferes.
Todo el día lo dedicó a los trámites en la cámara de transportes, en México, a pesar de ocupar casi un edificio completo en la calle de Turín, no se veían muchas personas trabajando, tampoco se veía que hicieran mucho, aparte de llenar recibos. Después de un buen rato, encontró al “agilito”, que nunca falta en las dependencias de este tipo, es el clásico chaparrito como de treinta y cinco años, que es el que arregla todo el papeleo en quince minutos, claro, mediante una compensación. Este chaparrito se hizo cargo de todos los trámites en lo sucesivo. Era el “Chirrís”.
—¡Hola!—, después de 15 minutos de la hora de la cita llegó Malena, para desagrado de Jaime llegó con otra amiga, él se había imaginado que iría sola, como siempre, pero al ver a la otra amiga se sintió desconcertado aunque fingió no verse sorprendido. Le pareció cara conocida, la había visto antes, pero no recordaba dónde. Después de la obligada presentación, y de un gesto de disculpa, Malena se dirigió a Jaime:
—¿Listos?—.
Jaime les hizo una señal para indicar el camino hacia el camión, que había dejado estacionado a dos cuadras de distancia. La amiga de Malena los seguía prudentemente, era bajita de estatura, ni flaca ni gorda, de cabello rubio, lacio y de un tamaño que hacía que le rozara los hombros. Las dos iban vestidas de botas y mezclilla, tal y como Jaime se había imaginado. Subirse a un tractocamión y montar a caballo eran para ellas actividades muy similares.
Llegaron al tracto y tropezaron con el primer problema, no había una banca corrida como Malena se lo había imaginado, sino que había solo dos asientos, el del ayudante y el del chofer, al darse cuenta de esto Gaby, la amiga de Malena, le preguntó a Jaime si se podía ir en el camarote, después subió con cierta dificultad, pero con gran entusiasmo, en pocos segundos ya estaba sentada en cuclillas en el colchón, con el libro de la universidad que había llevado, con el lejanísimo propósito de estudiar, volteando para todos lados, como quien se sube a la cabina de un avión. Malena subió después, se instaló en el asiento del ayudante, dando pequeños saltos, entre nerviosos y de emoción, cruzando miradas de complicidad con Gaby, mientras Jaime daba la vuelta para subirse por la otra puerta.
Arrancaron después de un minuto, las muchachas iban encantadas, Jaime también iba contento, a pesar de que no iba a ser tan romántico el viaje como se lo había imaginado. Para sorpresa de Jaime, no preguntaron muchas cosas acerca del camión, más bien empezaron a preguntar cosas acerca de cómo manejarlo, preguntas indirectas como:
—¿Se necesita ser muy fuerte para manejarlos?—,
—¿Toma mucho tiempo el aprender a manejarlos?—, hasta que después de un tiempo Gaby se animó a preguntar:
—¿Tú crees que alguien como yo pudiera aunque sea arrancarlo?—.
Jaime sonrió al notar la forma inocente de pedir las cosas de Gaby.
—Claro que alguien como tú podría arrancarlo—, dijo con aire despreocupado y alegre, pasaron minutos en los que Gaby no dijo nada, un poco apenada.
—Vamos a parar en Tres Marías, ¿quisieras hacer un intento?—.
—¿No es peligroso?—, contestó Gaby a forma de contestación afirmativa.
—No, para nada—.
A Jaime le pareció familiar la escena, le recordó cuando se le hacía fácil todo, que al ver cuando empezó a manejar, le parecía que sería muy fácil, que sólo con aprender varias cosas esenciales, sería fácil de llevar, ahora se daba cuenta de lo equivocado que estaba, de la misma forma que estaba equivocada Gaby si pensaba que con un poco de teoría ella podría manejar el camión como cualquier operador.
Lo mismo que manejar un camión, manejar una empresa requiere de muchas habilidades que no se enseñan en ningún libro, sino que se deben aprender a fuerza de práctica y observación. Al empezar la subida, fue necesario ir haciendo cambios descendentes de velocidades para que el camión pudiera subir, Jaime con la práctica los hacía con gran facilidad, Malena se animó a preguntar:
—¿Para qué haces tantos cambios de velocidades?—.
Jaime se daba cuenta de la simplicidad de razonamiento que da la ignorancia. Se dió cuenta de que, si por Malena fuera, escogería una sola velocidad, la que ella juzgara más apropiada, aunque fuera muy baja, y de ahí en adelante, todo el camino igual. Con ese razonamiento, tardarían horas y horas en ir de un lugar a otro. No todo se puede simplificar. Para hacer bien las cosas no basta con seguir unas cuantas reglas simples. Hay que entender cómo funcionan las cosas para hacer que den resultados. Hay que tener oficio para hacer las cosas, no se puede ir navegando de una actividad a otra y querer triunfar con teorías generales.
Llegaron a la gasolinera, Malena se había quedado dormida, Gaby se acercó a Jaime y le dijo:
—¿Sabes?, yo ya te conocía..., yo trabajaba en Implementos, en la planta de Naucalpan, con el Sr. Swaine, ¿te acuerdas...?—.
Jaime la volteó a ver: —Si es cierto, tú estabas con el patán ese, en el estacionamiento, ¿verdad?
—Ajá—.
—¿Qué hacías ahí...?—.
—Trabajaba, por supuesto, hacía mis prácticas de contabilidad. Desde que Malena me platicó de ti me hice la idea de que eras el mismo de la planta, no me equivoqué..., solo que no le dije a Malena nada. ¿Te importa si no le decimos nada?—
Jaime la volteó a ver divertido: —Ok—.
—¿No quieren un refresco? —dijo Jaime en voz alta, como para despertar a Malena, no podía creer que se había quedado dormida en un camión.
Jaime sacó de una hielera tres refrescos y unas papas fritas, Malena notó que Gaby se le quedaba viendo insistentemente a Jaime, y Jaime parecía dirigirse más a Gaby que a ella, lo que le ocasionó cierto coraje. Estaba harta de situaciones como esta, ella misma lo había provocado y ahora le daba envidia. No sabía por qué había invitado a su amiga.
Llegaron a una especie de parque que está antes de llegar a Cuernavaca, al bajarse, el clima era agradable, con un poco de viento.
Jaime bajó lo que tenía preparado para el día de campo, botella de vino blanco, dos copas, fruta, cinco sandwiches preparados en el cuarenta y cuatro, y fresas cristalizadas de postre. Se veía a las claras que en el plan no estaba incluida Gaby, pero parecía que ahora era indispensable, a pesar de que casi no hablaba.
—¿Quieres manejar un poco?—, le dijo Jaime a Gaby, cumpliéndole lo que le había ofrecido, pero sintiendo que hacía un lado a Malena. Aunque la veía muy bonita, ya no le pareció tan atractiva, el verla insegura y vacilante hacía que la primera atracción se fuera desvaneciendo... en cambio veía a Gaby mucho más natural, y más simpática.
Al estar Gaby sentada en el asiento del conductor y Jaime en el del ayudante, Malena pasó necesariamente al camarote, que aunque estaba ampliamente comunicado con la cabina, parecía que estaba a kilómetros de distancia.
―Cuando sientas que ya va despegando el camión, deja de sacar el clutch, déjalo todo como está en ese momento, el camión solo te irá pidiendo lo que necesitas hacer, solo hay que saberlo oír—, le repitió el consejo a Gaby, quien temerosa hizo que el camión empezara a avanzar, a los pocos metros se detuvo y nerviosa sacó el clutch antes de sacar la velocidad, lo que hizo que el camión diera dos tumbos antes de apagarse la máquina, asustada miró a Jaime, quien permanecía tranquilo e impasible.
Jaime se quedó pensando, eso de dejar de sacar el clutch cuando empieza a despegar lo podría aplicar a su negocio, era tiempo de dejar de sacar el clutch, ya no más aprender cosas nuevas, no más experimentos, había que dejar que el negocio madurara por sí mismo, por lo menos ahora que empezaba a despegar.
Llegaron a México sin ningún problema, Malena se despidió groseramente de Jaime, no así Gaby. Las dos sabían que si pudo haber algo entre los dos, ese algo había disminuido tremendamente. Malena se sentía culpable por ello, sabía que Jaime se daba cuenta de que ella estaba confusa, y sentía pena por haber metido a Jaime en este lío sentimental. Malena se extrañaba de que ella misma se sintiera mal, no era el primero en tener conflictos por ella, y conflictos mucho más fuertes, y a ella nunca le había afectado, lo que le dolía es que esta vez no lo había hecho siguiendo un plan, había sido personal. La que no paraba de mirar a Jaime era Gaby, quien seguía con toda atención cada palabra que Jaime decía, incluso le pidió trabajo en su oficina en México, que ya estaba por abrir.